1930 — 2014

Juan Gelman Poeta del dolor y la esperanza

«Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas. Sangran.» — Límites, Violín y otras cuestiones (1956)
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Biografía

Una vida entre la poesía y el exilio

Juan Gelman nació el 3 de mayo de 1930 en Villa Crespo, Buenos Aires, hijo de inmigrantes judíos ucranianos. Aprendió a leer a los tres años y comenzó a escribir poemas de amor a los ocho. A los once publicó su primer poema en la revista Rojo y Negro.

Fue periodista, traductor y militante. Cofundó el grupo poético «El pan duro», integrado por jóvenes que proponían una poesía comprometida y popular. Su primer libro, Violín y otras cuestiones (1956), ya revelaba una voz inconfundible: tierna, combativa, porteña hasta los huesos.

Se lo considera uno de los más grandes poetas contemporáneos de habla hispana, y un «expresionista del dolor». A su muerte, la Presidencia de la Nación Argentina decretó tres días de duelo nacional.

1930
Nace en Villa Crespo, Buenos Aires. Tercer hijo (y único nacido en Argentina) de José Gelman y Paulina Burichson.
1941
Con solo 11 años, publica su primer poema en la revista Rojo y Negro.
1955
Cofunda el grupo poético «El pan duro», que propone poesía comprometida y popular.
1956
Publica Violín y otras cuestiones, su primer libro, un hito de la nueva poesía argentina.
1962
Publica Gotán, obra clave que consolida su voz poética y su amor desgarrado por Buenos Aires.
1975
Viaja a Roma en misión de denuncia internacional. Lo que iba a ser un viaje se convierte en un largo exilio.
1976
El golpe militar lo encuentra fuera del país. Su hijo Marcelo y su nuera María Claudia son secuestrados y desaparecidos. Su nuera, embarazada de siete meses, da a luz en cautiverio.
1988
Regresa a Argentina tras trece años de exilio. Luego fija residencia en México.
2000
Encuentra a su nieta Macarena en Uruguay, nacida en cautiverio y adoptada sin su conocimiento. Un reencuentro que conmueve al mundo.
2007
Recibe el Premio Miguel de Cervantes, el máximo galardón de las letras hispanas.
2014
Fallece el 14 de enero en Ciudad de México. Argentina decreta tres días de duelo nacional.
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Obra

Poemas que duelen y alumbran

La poesía de Gelman es inconfundible: mezcla ternura con furia, coloquialismo con lirismo, Buenos Aires con el universo. Inventó diminutivos imposibles, rompió la sintaxis cuando la sintaxis no alcanzaba, y convirtió el dolor en belleza sin traicionar ni al dolor ni a la belleza.

Ausencia de amor
De Violín y otras cuestiones (1956)
Cómo será pregunto. Cómo será tocarte a mi costado. Ando de loco por el aire que ando que no ando.
Cómo será acostarme en tu país de pechos tan lejano. Ando de pobre cristo a tu recuerdo clavado, reclavado.
Será ya como sea. Tal vez me estalle el cuerpo todo lo que he esperado. Me comerás entonces dulcemente pedazo por pedazo.
Seré lo que debiera. Tu pie. Tu mano.
Epitafio
De Violín y otras cuestiones (1956)
Un pájaro vivía en mí. Una flor viajaba en mi sangre. Mi corazón era un violín.
Quise o no quise. Pero a veces me quisieron. También a mí me alegraban: la primavera, las manos juntas, lo feliz.
¡Digo que el hombre debe serlo!
Aquí yace un pájaro. Una flor. Un violín.
El juego en que andamos
De El juego en que andamos (1959)
Si me dieran a elegir, yo elegiría esta salud de saber que estamos muy enfermos, esta dicha de andar tan infelices.
Si me dieran a elegir, yo elegiría esta inocencia de no ser un inocente, esta pureza en que ando por impuro.
Si me dieran a elegir, yo elegiría este amor con que odio, esta esperanza que come panes desesperados.
Aquí pasa, señores, que me juego la muerte.
Costumbres
De Gotán (1962)
No es para quedarnos en casa que hacemos una casa no es para quedarnos en el amor que amamos y no morimos para morir tenemos sed y paciencias de animal
Mi Buenos Aires querido
De Gotán (1962)
Sentado al borde de una silla desfondada, mareado, enfermo, casi vivo, escribo versos previamente llorados por la ciudad donde nací.
Hay que atraparlos, también aquí nacieron hijos dulces míos que entre tanto castigo te endulzan bellamente.
Hay que aprender a resistir. Ni a irse ni a quedarse, a resistir, aunque es seguro que habrá más penas y olvido.
Oración de un desocupado
De Violín y otras cuestiones (1956)
Padre, desde los cielos bájate, he olvidado las oraciones que me enseñó la abuela, pobrecita, ella reposa ahora, no tiene que lavar, limpiar, no tiene que preocuparse andando el día por la ropa, no tiene que velar la noche, pena y pena, rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.
Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces, que me muero de hambre en esta esquina, que no sé de qué sirve haber nacido, que me miro las manos rechazadas, que no hay trabajo, no hay, bájate un poco, contempla esto que soy, este zapato roto, esta angustia, este estómago vacío, esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre cavándome la carne, este dormir así, bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
te digo que no entiendo, Padre, bájate, tócame el alma, mírame el corazón, yo no robé, no asesiné, fui niño y en cambio me golpean y golpean, te digo que no entiendo, Padre, bájate, si estás, que busco resignación en mí y no tengo y voy a agarrarme la rabia y a afilarla para pegar y voy a gritar a sangre en cuello
Gotán
De Gotán (1962)
Esa mujer se parecía a la palabra nunca, desde la nuca le subía un encanto particular, una especie de olvido donde guardar los ojos, esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.
Atención atención yo gritaba atención pero ella invadía como el amor, como la noche, las últimas señales que hice para el otoño se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus manos.
Dentro de mí estallaron ruidos secos, caían a pedazos la furia, la tristeza, la señora llovía dulcemente sobre mis huesos parados en la soledad.
Cuando se fue yo tiritaba como un condenado, con un cuchillo brusco me maté voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre, él moverá mi boca por la última vez.
Nota I
De Notas (1979)
te nombraré veces y veces. me acostaré con vos noche y día. noches y días con vos. me ensuciaré cogiendo con tu sombra.
te mostraré mi rabioso corazón. te pisaré loco de furia. te mataré los pedacitos. te mataré uno con paco. otro lo mato con rodolfo. con haroldo te mato un pedacito más.
te mataré con mi hijo en la mano. voy a venir con diana y te mataré. voy a venir con jote y te mataré. te voy a matar, derrota.
nunca me faltará un rostro amado para matarte otra vez. vivo o muerto / un rostro amado. hasta que mueras dolida como estás / ya lo sé. te voy a matar / yo te voy a matar.
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La grieta interior

Montoneros, la ruptura y los compañeros

La vida política de Gelman fue tan intensa como su poesía, y las dos se alimentaron mutuamente hasta volverse inseparables. Para entender su obra madura —los libros del exilio, del dolor, de la derrota— hay que entender lo que vivió dentro de Montoneros, y lo que le costó romper.

Rodolfo Walsh: el espejo anticipado

Walsh y Gelman fueron amigos, compañeros en el diario Noticias (1974) y militantes de Montoneros. Walsh fue el primero en formular, entre fines de 1976 y comienzos de 1977, las críticas internas que después Gelman haría públicas: denunció el militarismo suicida de la conducción, el enfrentamiento de «ejército contra ejército» con las Fuerzas Armadas, y propuso diseminar a los cuadros en células autónomas para evitar las caídas en cadena provocadas por la tortura.

Las propuestas de Walsh fueron desoídas. En marzo de 1977, Walsh fue asesinado en una emboscada. Su muerte marcó profundamente a Gelman, quien le dedicó la estremecedora Nota VI: «me pregunto qué sería de la belleza de rodolfo ahora / esa belleza en vuelo lento que le iba encendiendo ojos». La voz de Walsh resonaría en la ruptura que Gelman protagonizaría dos años después.

La ruptura con Firmenich y la Contraofensiva

El 22 de febrero de 1979, Gelman y Rodolfo Galimberti firmaron un comunicado lapidario contra la Conducción Nacional de Montoneros —Firmenich, Perdía, Vaca Narvaja—. Las críticas eran devastadoras: denunciaban el «resurgimiento del militarismo de cuño foquista», el «sectarismo maniático», la «burocratización de todos los niveles de la conducción» y la «ausencia absoluta de democracia interna, que yugula todos los intentos de reflexión crítica, calificándola de defección o traición».

El detonante fue la Contraofensiva: el plan de Firmenich de enviar militantes de vuelta a la Argentina, en una operación que Gelman y Galimberti consideraban suicida. La historia les dio trágicamente la razón: la casi totalidad de los militantes enviados fueron capturados, desaparecidos y asesinados. Firmenich había decretado la «seguridad del éxito»; el resultado fueron 80 compañeros más muertos.

La reacción de la cúpula montonera fue feroz: los disidentes fueron tildados de desertores y traidores. La organización publicó sus nombres legales y números de documento —un acto delator que, en plena dictadura, equivalía a una condena a muerte. Le Monde dio la primicia de la escisión; en Argentina, la censura apenas permitió un recuadro pequeño.

Años después, en Contraderrota. Montoneros y la Revolución Perdida (1987), Gelman profundizó sus críticas: «La respuesta que Montoneros da a todo eso es incorrecta, ya que empieza a practicar una política elitista y, en el fondo, antipopular». Y sobre el asesinato de Rucci, se limitó a decir «lo de Rucci» — una elipsis que dice todo sobre la incomodidad de aquellos años.

Verbitsky: compañeros de ruta, tensiones soterradas

Horacio Verbitsky compartió con Gelman redacción en los diarios La Opinión, Noticias y la revista Crisis durante los años 70. Ambos eran montoneros, ambos periodistas, ambos hombres de la cultura comprometida. Después de la muerte de Gelman en 2014, Verbitsky publicó una extensa nota en Página/12 reivindicando la autocrítica de su amigo sobre Montoneros.

Pero la relación no fue siempre tan armónica. Según algunos testimonios, durante el exilio Gelman desconfiaba de Verbitsky — a quien Galimberti, amigo cercano de Gelman, «siempre habló pestes». La tensión se intensificó por la diferencia de destinos: mientras Gelman vivió trece años de exilio, Verbitsky permaneció en la Argentina de la dictadura sin ser perseguido. El debate sobre la autocrítica de los ex montoneros — si fue real o apenas «política» — sigue vivo, y el nombre de Gelman es invocado por todas las partes.

Paco Urondo: el compañero caído

Junto a Walsh, el otro gran amigo-poeta de Gelman en Montoneros fue Francisco «Paco» Urondo, asesinado en Mendoza en 1976. Los tres — Walsh, Urondo, Gelman — formaban una tríada de escritores-militantes que creían que la poesía y la revolución eran lo mismo. De los tres, Gelman fue el único que sobrevivió. El título de su libro Valer la pena (2001) toma una frase del poema «Cada día que pasa» de Urondo.

La política dentro de la poesía

¿Cómo se lee todo esto en sus versos? Libro a libro, la obra de Gelman es un sismógrafo de su vida política y personal:

Violín y otras cuestiones (1956)
El Gelman militante comunista, joven e idealista. «Oración de un desocupado» es poesía social pura: el trabajador que le ruega a Dios mientras el hambre lo empuja a la rabia. La esperanza todavía es más fuerte que el dolor.
Gotán (1962)
Buenos Aires, tango, amor desgarrado. Ya dejó el Partido Comunista. La Revolución Cubana lo entusiasma. El humor absurdo aparece junto al lirismo. «Mi Buenos Aires querido» anticipa la nostalgia del exilio por venir.
Relaciones (1971–1973)
La etapa de triunfo revolucionario y militancia en FAR/Montoneros. Es jefe de redacción de Noticias. La poesía se vuelve combativa, dialoga con la urgencia política. Cuestiona la propia escritura: ¿alcanza la poesía cuando hay que hacer la revolución?
Hechos (1974–1978)
El movimiento se repliega, la dictadura lo arrasa todo. Secuestran a su hijo y a su nuera. Matan a Urondo, a Walsh, a Bustos, a Conti. Lo pierde todo: país, familia, amigos, trabajo. La poesía se vuelve patética y trágica, un grito contenido.
Notas (1979)
Los poemas de la ruptura con Montoneros y la derrota. «Nota I» es un juramento feroz contra la derrota, invocando los nombres de los compañeros muertos: «te mataré uno con paco / otro lo mato con rodolfo / con haroldo te mato un pedacito más» — Paco Urondo, Rodolfo Walsh, Haroldo Conti. La poesía como arma de resistencia contra la aniquilación.
Carta abierta (1980)
Un libro entero dirigido a su hijo desaparecido. Es quizás la obra más desgarradora de la poesía argentina. Gelman le habla a Marcelo como si estuviera vivo, le pregunta, lo busca en cada verso. La sintaxis se quiebra — las barras que cortan los versos miman el quiebre interior del padre.
Comentarios (1978–1979)
En pleno dolor, Gelman se vuelca a la mística española: reescribe a Santa Teresa y San Juan de la Cruz, buscando en el lenguaje de los místicos las palabras que el lenguaje político ya no le daba. El exilio interior busca refugio en la trascendencia.
Dibaxu (1983–1985)
Escrito en ladino (judeoespañol), la lengua de sus ancestros. El exiliado busca otra patria lingüística, un idioma que también fue expulsado. Poesía amorosa y elegíaca: el hombre maduro une la exaltación del amor con la pérdida irreparable.
Valer la pena (2001)
Publicado un año después de encontrar a su nieta Macarena en Uruguay. El título cita a Paco Urondo. La poesía de Gelman ya no grita; susurra. El dolor se ha sedimentado en sabiduría, pero nunca se fue.

La poesía de Gelman no fue un comentario sobre la política: fue la política hecha carne, hecha lengua, hecha silencio. Cada ruptura, cada muerte, cada traición y cada reencuentro se depositó en sus versos como ceniza volcánica. Y de esa ceniza, una y otra vez, brotó belleza.

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Carta abierta a mi nieto

En 1976, la dictadura militar secuestró a su hijo Marcelo y a su nuera María Claudia, embarazada de siete meses. Su nieta nació en cautiverio. Durante más de dos décadas, Gelman buscó a esa nieta con una tenacidad que se volvió símbolo de la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo. En el año 2000, la encontró en Uruguay: se llamaba Macarena.

«Me resulta muy extraño hablarte de mis hijos como tus padres que no fueron. No sé si sos varón o mujer. Sé que naciste...

Ahora tenés casi la edad de tus padres cuando los mataron y pronto serás mayor que ellos. Ellos se quedaron en los 20 años para siempre. Soñaban mucho con vos y con un mundo más habitable para vos.

Me gustaría hablarte de ellos y que me hables de vos. Para reconocer en vos a mi hijo y para que reconozcas en mí lo que de tu padre tengo: los dos somos huérfanos de él.

Para reparar de algún modo ese corte brutal o silencio que en la carne de la familia perpetró la dictadura militar. Para darte tu historia, no para apartarte de lo que no te quieras apartar. Ya sos grande, dije.»

— Escrita en 1995, publicada en Brecha, 23 de diciembre de 1998
Reconocimientos

Una obra consagrada

La obra de Gelman fue reconocida con los premios más importantes de la literatura en español, coronando una trayectoria de más de medio siglo dedicada a la poesía.

1997
Premio Nacional de Poesía
Argentina
2000
Premio Juan Rulfo
Lit. Latinoamericana y del Caribe
2003
Premio Ramón López Velarde
Poesía Iberoamericana
2004
Premio Konex de Platino
Argentina
2005
Premio Pablo Neruda
Poesía Iberoamericana
2005
Premio Reina Sofía
Poesía Iberoamericana
2007
Premio Miguel de Cervantes
Máximo galardón de las letras hispanas
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Legado

Más que un poeta

Juan Gelman no fue solamente uno de los más grandes poetas de la lengua española. Fue una voz que se negó a callar ante la injusticia, un padre que nunca dejó de buscar, un hombre que convirtió el dolor más íntimo en patrimonio de todos.

Su poesía inventó un idioma propio: diminutivos imposibles («muertitos», «huesitos»), barras que quiebran el verso cuando la emoción quiebra la voz, y un tango interior que late debajo de cada línea. Escribió sobre el amor, el exilio, los desaparecidos y Buenos Aires con la misma ternura feroz.

Cuarto argentino en recibir el Premio Cervantes —después de Borges, Sabato y Bioy Casares—, Gelman dejó una obra que es, al mismo tiempo, un monumento literario y un acto de resistencia.

30+
Libros de poesía publicados
58
Años de trayectoria poética
13
Años de exilio
24
Años buscando a su nieta